Torno

Éste viernes, tuvimos un taller muy especial.

L@s niñ@ y el torno, eran los protagonistas. Y tengo que decir, que las madres y los padres que se acercaron y pudieron quedarse un rato, sintieron ganas de volver a ser niñ@s!!!

Para mí, fue un gustazo estar allí, ver su disfrute, concentración, embelesamiento a veces… Me siento, verdaderamente agradecida por poder disfrutar éstos procesos, acompañar éstos descubrimientos y ver de forma tan clara, la autenticidad que hay detrás de un/a niñ@

Siempre os digo que el barro es terapéutico, pero el efecto que produce en el torno, es sublime.

Amasaron el barro, formaron la «pella» (una bola, achatada en la base) y yo, se la asenté en el plato del torno. Un segundo para centrársela y el resto lo hicieron ell@s.

Al sentarse frente al torno, les pedí que «sintieran» el barro. Se mojaron las manos y las posaron sobre la pella, sin presión. Sólo había que hacer éso, sentir bajo las manos el barro.

Enseguida sintieron ganas de hacer más presión y empezaron a probar.

El torno exige concentración. Cualquier movimiento o presión, tiene inmediatas consecuencias. Todo ocurre rápido. Una presión y ya tienes una forma. Clavas un poco los dedos por arriba y ya estás abriendo un recipiente. Distinta presión entre las manos y todo se tuerce. L@s niñ@s lo captan rápido.

Es un medio que les permite probar, experimentar, subir y bajar, abrir y cerrar, cortar un trozo y volver a empezar. Aquí practican, deciden, utilizan distintos métodos y saben que son ell@s, los que producen los cambios, l@s que transforman y los que transgreden las normas estéticas, las normas de construcción/diseño. Aquí todo vale. Si para ell@s está bien, pues está bien.

Y en éste punto, tengo que hacer una distinción. Claro que hubo niñ@s que le pusieron nombre a sus piezas, incluso la mayoría. No olvidemos que trabajamos con un torno, que sin manipulación posterior, nos dará piezas redondas. Y si realizamos la apertura de la pella, siempre nos encontraremos con un recipiente. Es muy fácil desde ahí, ponerle un nombre a la pieza (bol, taza, plato, cuenco…).

Es más, algun@ se sentó frente al torno, con expectativas. Pero una vez pusieron las manos sobre la pella, la presión que la expectativa puede producir, desapareció. Pueden volver a conectar con la expectativa al terminar, pero ésta, ya ha perdido peso… En su interior, el respeto por «su juego» se ha ganado un espacio. Algun@s ya conocían ésa sensación, ésa libertad para la libre expresión, pero otr@s, conectan en éstos talleres con un espacio desconocido, que les abre otras formas de expresión y creatividad.

Yo lo veo como una apertura. Una apertura que amplía nuestro registro, nuestras posibilidades de actuación y nos muestra, nuestras infinitas capacidades.

Así lo siento y así os lo quiero hacer llegar. Me encanta compartirlo!