En éste taller, nos enfocamos en la verbalización y validación de las emociones. Pudimos reflexionar sobre la legitimidad de las emociones sentidas y como éstas buscan la expresión o una canalización alternativa.

A pesar de que las personas somos seres sentidos, no tenemos costumbre de hablar de nuestras emociones. Y en la mayoría de los casos, estamos tan desconectados/as de nosotros/as mismos/as, que nos cuesta darnos cuenta de lo que nos pasa. Es la sociedad, las costumbres, trabajos,… parece que todo va muy deprisa y que algo externo a nosotros/as, marca nuestros ritmos.

Como madres y padres somos modelos para nuestras/os hijas/os y saber identificar nuestras emociones, ponerles nombre y expresarlas, les ayuda mejor que ninguna otra cosa a hacer lo mismo con las suyas.

Y Legitimar las emociones es quizás, lo que más cuesta; es saber, que independientemente de cómo sean vistas, lo que sentimos es lo que sentimos y está bien así, nada malo nos pasa, nada malo somos por ello.

Toda emoción no expresada, encontrará otro modo de canalizarse. Puede surgir irritabilidad, enfados, rabietas, retraimientos, llantos espontáneos, somatizaciones en el cuerpo … Cualquier cosa que permita darle una salida a aquel sentimiento, emoción o necesidad que quedó encerrada.

El juego vuelve a ser algo útil en éste asunto. En él, las/os niñas/os expresan aquello que no pudieron colocar en la vida real. Podemos oír a sus personajes discutir, permanecer callados, llorar, sufrir, negociar, reír,… Es un trabajo terapéutico de por sí.

En el taller, “Así es mi corazón” escrito por Jo Witek e ilustrado por Chistine Roussey, fue el cuento elegido para hablar de las emociones. Es un libro lleno de color y ternura, que ilustra de forma deliciosa el apasionante y a veces confuso mundo, de las emociones.

El cartón corrugado, las telas, los playmobil y las cajas de cartón, facilitaron el juego. Laberintos, cuevas/cabañas, escondites, granjas, naves espaciales, hombre orquesta, derrumbamientos,… todo ésto y más, tuvimos éste miércoles.

Me parece apasionante ver cómo las necesidades emergen, se expresan (a veces repetidas veces) y una vez satisfechas, dejan lugar a la calma y a la siguiente necesidad, al siguiente juego, desde la plenitud de sentirse satisfecha/o. Como la vida misma!, donde siento el hambre y una vez satisfecha, me puedo concentrar en lo siguiente.

Y no dejamos de darnos cuenta, de que hay tantas maneras de ser padre/madre como familias. Es un mundo plural, en el que cada una/o encuentra su camino, su manera única de hacer. Poder compartir las reflexiones de las familias al final del taller, nos parece una oportunidad única para aprender y crecer junto a ellas. Agradecidas de nuevo.