Ya sé que es impopular, pero no me gustan los árboles de Navidad. Los naturales porque no se cuidan, los de plástico… por ser de plástico! Me costó, pero me libré del último con las obras de éste verano. Ups!

Qué mejor propuesta propuesta para hacer con nuestros hijos, que hacer nuestro propio árbol de Navidad? Ahí me ves, rompiéndome la cabeza para buscar los materiales más chulos, el reciclaje más vintage, todo, a disposición de nuestra imaginación!!

Pero claro, está mi hija, que es muy práctica y tiene las ideas muy claras:

  • Mamá, vamos a buscar una rama al campo.
  • Una rama?
  • Sí mamá, va a ser mi árbol de Navidad!

No tenía mucha fé, pero si era su árbol… que lo hiciera como quisiera!

Cuando vio la rama, lo tuvo claro. Ésa es la rama mamá!! Y para casa nos la llevamos…

Entonces empezó a crear los “decores”, como ella los llama. Y seguía con el reciclaje… rollos de papel higiénico acabados, folios usados por una cara, piel de naranja, incluso unos muñecos de dedos para suavizar las ramas más… peligrosas.

Ella sola, ha creado el árbol de Navidad más bonito que hemos tenido en casa jamás, nos ha dado una lección de reciclaje y lo mejor de todo, se ha sentido capaz, lo ha hecho y lo disfruta cada día.

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